Javier, mi príncipe, ha llegado la hora de decir adiós. Pero… ¡no te pongas triste, tú que siempre estás riendo! ¡Que no es para tanto!
No… Simplemente, ha llegado el momento de despedirnos, abandonar este pequeño lugar que ha sido como nuestra segunda casa… ¡durante todo un año!
En verdad, han sido doce meses vibrantes, llenos de emociones contrapuestas; amargas en ocasiones, las más de las veces alegres y optimistas. Nuestras ilusiones y esperanzas, nuestros esfuerzos y proyectos, han quedado aquí reflejados, a golpe de sonrisas y de lágrimas…
Pero… sí, ha llegado la hora de marcharnos. Todo cuanto quise contar, todo a lo que me quise referir, ya ha sido escrito. Seguir… no tendría sentido.
Porque ahora, releyendo, desde el comienzo, los diferentes episodios de este blog, me doy cuenta de que forman un todo, ya completo, y que, para mi alivio, siguen teniendo la misma vigencia, el mismo significado que cuando los escribí. Es por eso por lo que, aunque nos vamos, me quedo, aunque apenado – sí, Javier, yo también lo estoy, aquí nos hemos dejado, en incontables tiras, el corazón - con la tranquilidad de ver cómo este lugar, que deseo que siga abierto, puede seguir sirviendo, si es posible, a su objetivo primero: si aún podemos ayudar a alguien con nuestro aliento habrá merecido la pena.
Nuestra lucha continúa, con la misma ilusión, con las mismas ganas de progresar. Sólo espero que no nos fallen las fuerzas, que no llegue un día en el que nos paremos, que mantengamos la fe en poder alcanzar nuestra ansiada meta… Ojalá tengamos suerte.
Es momento ahora de dar las gracias a todos los que nos habéis acompañado durante este tiempo; vosotros habéis sido el verdadero motor de este lugar.
Kelly, empiezo por ti, ya que tú me animaste a comenzar, gracias por tu gran idea.
Nuestro agradecimiento también a nuestras queridas amigas mexicanas, especialmente a Nancy, Bere, Maga y Dark Angel: vosotras habéis llenado de optimismo y energía este lugar.
Gracias, por supuesto, a todos nuestros compañeros y compañeras de fatigas, a vosotros, que también estáis en la misma lucha, que tenéis nuestros mismos problemas. A Mari, por estar siempre ahí; a Anna, por su aliento inacabable; a Amparo, por su alegre talante y su elegante manera de contar las cosas; a Eloy, por ser mi alma gemela; a los luchadores del grupo SIFU, por su incansable lucha; a Esperanza del Estrecho, por tener el coraje de volver a intentarlo de nuevo; a Conchi, por su fuerza inagotable; a Aura70, querida Ana, a ti por atreverte a dar el paso de compartir vuestras vivencias, que son también las nuestras. Y a Luisa Miñana, por su esfuerzo denodado… ¡que nunca se te acaben las fuerzas!
Muchas gracias también a ti Pulguita, ¡claro que sí! ¡Tú has sido la alegre Campanilla de este lugar! ¿Será Javier el auténtico Peter Pan, el eterno niño que nunca se haga mayor?
Gracias, por último, a todos los que nos han seguido en la sombra, a ambos lados del charco; y a nuestros compañeros, amigos y familiares, que han venido acompañándonos durante todo el año. Gracias por estar a nuestro lado sin pedir nada a cambio.
Y claro, muchas gracias también a mis otros dos príncipes, Fernando y Leonor, que han estado siempre aquí, con nosotros, dándonos su cariño. ¡Cuánto te quieren, cuánto nos quieren tus hermanos, Javier!
Y tampoco quería cerrar el mensaje sin que le demos las gracias a mamá, que ha tenido una paciencia infinita con nosotros: nos ha dejado escribir hasta tarde y ha tenido el aguante para soportar algunas cosas que tal vez ella no quería que hubiese escrito.
Por eso, Javi, mi príncipe, mandémosles a todos un beso muy fuerte y un abrazo enorme. Que este calor, humano y sincero, de ése que nada cuesta pero que tanto vale, perdure en sus corazones. Ellos habitarán en el nuestro por muchos años que pasen.
¡Hasta siempre!
