lunes 12 de enero de 2009

¡Hasta siempre!



Javier, mi príncipe, ha llegado la hora de decir adiós. Pero… ¡no te pongas triste, tú que siempre estás riendo! ¡Que no es para tanto!

No… Simplemente, ha llegado el momento de despedirnos, abandonar este pequeño lugar que ha sido como nuestra segunda casa… ¡durante todo un año!

En verdad, han sido doce meses vibrantes, llenos de emociones contrapuestas; amargas en ocasiones, las más de las veces alegres y optimistas. Nuestras ilusiones y esperanzas, nuestros esfuerzos y proyectos, han quedado aquí reflejados, a golpe de sonrisas y de lágrimas…

Pero… sí, ha llegado la hora de marcharnos. Todo cuanto quise contar, todo a lo que me quise referir, ya ha sido escrito. Seguir… no tendría sentido.

Porque ahora, releyendo, desde el comienzo, los diferentes episodios de este blog, me doy cuenta de que forman un todo, ya completo, y que, para mi alivio, siguen teniendo la misma vigencia, el mismo significado que cuando los escribí. Es por eso por lo que, aunque nos vamos, me quedo, aunque apenado – sí, Javier, yo también lo estoy, aquí nos hemos dejado, en incontables tiras, el corazón - con la tranquilidad de ver cómo este lugar, que deseo que siga abierto, puede seguir sirviendo, si es posible, a su objetivo primero: si aún podemos ayudar a alguien con nuestro aliento habrá merecido la pena.

Nuestra lucha continúa, con la misma ilusión, con las mismas ganas de progresar. Sólo espero que no nos fallen las fuerzas, que no llegue un día en el que nos paremos, que mantengamos la fe en poder alcanzar nuestra ansiada meta… Ojalá tengamos suerte.

Es momento ahora de dar las gracias a todos los que nos habéis acompañado durante este tiempo; vosotros habéis sido el verdadero motor de este lugar.

Kelly, empiezo por ti, ya que tú me animaste a comenzar, gracias por tu gran idea.

Nuestro agradecimiento también a nuestras queridas amigas mexicanas, especialmente a Nancy, Bere, Maga y Dark Angel: vosotras habéis llenado de optimismo y energía este lugar.

Gracias, por supuesto, a todos nuestros compañeros y compañeras de fatigas, a vosotros, que también estáis en la misma lucha, que tenéis nuestros mismos problemas. A Mari, por estar siempre ahí; a Anna, por su aliento inacabable; a Amparo, por su alegre talante y su elegante manera de contar las cosas; a Eloy, por ser mi alma gemela; a los luchadores del grupo SIFU, por su incansable lucha; a Esperanza del Estrecho, por tener el coraje de volver a intentarlo de nuevo; a Conchi, por su fuerza inagotable; a Aura70, querida Ana, a ti por atreverte a dar el paso de compartir vuestras vivencias, que son también las nuestras. Y a Luisa Miñana, por su esfuerzo denodado… ¡que nunca se te acaben las fuerzas!

Muchas gracias también a ti Pulguita, ¡claro que sí! ¡Tú has sido la alegre Campanilla de este lugar! ¿Será Javier el auténtico Peter Pan, el eterno niño que nunca se haga mayor?

Gracias, por último, a todos los que nos han seguido en la sombra, a ambos lados del charco; y a nuestros compañeros, amigos y familiares, que han venido acompañándonos durante todo el año. Gracias por estar a nuestro lado sin pedir nada a cambio.

Y claro, muchas gracias también a mis otros dos príncipes, Fernando y Leonor, que han estado siempre aquí, con nosotros, dándonos su cariño. ¡Cuánto te quieren, cuánto nos quieren tus hermanos, Javier!

Y tampoco quería cerrar el mensaje sin que le demos las gracias a mamá, que ha tenido una paciencia infinita con nosotros: nos ha dejado escribir hasta tarde y ha tenido el aguante para soportar algunas cosas que tal vez ella no quería que hubiese escrito.

Por eso, Javi, mi príncipe, mandémosles a todos un beso muy fuerte y un abrazo enorme. Que este calor, humano y sincero, de ése que nada cuesta pero que tanto vale, perdure en sus corazones. Ellos habitarán en el nuestro por muchos años que pasen.

¡Hasta siempre!

lunes 5 de enero de 2009

Noche de Reyes




Javier, ¡hay que marcharse ya a dormir, que esta noche vienen los Reyes Magos! Pero… ¡tranquilo, hombre, no tengas miedo, que no te van a hacer nada! ¡No pongas esa carita, que sólo te van a traer unos regalos!

- Ya, pero… es que… - me contestas, poniendo la misma cara de recelo que cuando ves a Sus Majestades en el colegio, o, sin ir más lejos, en la Cabalgata de esta tarde, en San Agustín.

- Javier, ¡que los Reyes son buenos! – insisto.

Pero no te convenzo. Tú los ves tan grandes, tan aparatosos, con esas enormes barbas y sus larguísimas capas, que te infunden temor…

Al final, los tres os marcháis a dormir. Tú, emocionado y contento, tras la tarde de miedos y alegrías; tus hermanos… en esa edad dudosa, en medio de ninguna parte, queriendo creer… volver a sus años más tiernos… aunque asumiendo la lógica del misterio…

Pero, sí, al final unos y otros os habéis dormido ya, con las cabecitas llenas de luces y sueños… Y Sus Majestades, Melchor, Gaspar y Baltasar, vendrán ahora mismo, y os traerán un montón de regalos, por lo buenos que habéis sido, mis príncipes, mis tres pétalos de esta flor, cada vez más marchita…

jueves 1 de enero de 2009

Año nuevo

Mañana del uno de Enero. Primera página de un nuevo libro que hoy empezamos todos a escribir. Tal vez sea el momento de repasar los libros anteriores, los escritos hasta ahora, las cosas que he hecho bien, los errores cometidos. Mas no tengo alma de bibliotecario, Javier, sino de escritor. Que se queden en su repisa los libros que escribí. Tengo la conciencia tranquila. Puse toda el alma en las cosas que hice. No quiero detenerme a pensar en el porqué de que algunos renglones me salieran tan torcidos.

Sólo me queda pensar en las páginas en blanco. Pero no en las de libros futuros, ni tan siquiera en las últimas páginas de este nuevo libro recién estrenado. A los libros futuros sólo se llega letra a letra, palabra a palabra, página a página, poniendo todo el empeño en la hoja que tenemos ante nosotros.

Quiero esforzarme en seguir creciendo, Javier, en intentar ser mejor persona, para poder ayudarte más, y también para poder ayudar más a tus hermanos, a mamá, a todos los que me rodean. Para ello, sacaré de dentro de mí toda la fuerza que tenga e intentaré ganar en autoestima, en seguridad, en energía. Sólo así seré capaz de transmitiros lo que quiero: un deseo inagotable de estar vivos, de apreciar todo lo bueno que nos rodea, de aprender, de progresar como personas. Cada uno habrá de llegar hasta donde le sea posible. Y en eso te incluyo a ti, Javier. La clave no es llegar más lejos que otro, sino en esforzarnos todo lo que podamos.

Que nadie te gane en empeño, mi pequeño Javier, mi amado hijo

domingo 28 de diciembre de 2008

Final de año

Javier, esta mañana fui a correr. Hice el recorrido que tanto me gusta, por el camino que va hacia El Fresno, con Ávila allá al fondo, atravesando los campos helados y silenciosos, los yermos prados, los pequeños riachuelos, otrora secos, ahora recios y caudalosos, pasando al lado de caballos y vacas, de ovejas y pastores...

Llegué, como siempre, hasta los depósitos del pueblo vecino y allí torcí a la derecha, yendo a cruzar de nuevo la carretera y siguiendo recto, hasta tomar el camino del viejo molino, ya en dirección a La Aldea.

Javier, ¡qué frío hacía! Y sin embargo, en pleno esfuerzo, yo apenas si notaba la gélida brisa golpeándome en el rostro…

Sí… Diciembre empieza a llegar a su fin, y con él este año 2008 tan lleno de emociones, de alegrías y decepciones, de esperanzas y malos tragos…

Y llegarán las nieves de Enero, y lo taparán todo, y así, todo hecho un desierto blanco, sin origen ni destino, sin pasado ni futuro, es como querré estar siempre, intentando progresar, avanzar aunque no sepa bien adonde voy, aunque a cada pisada me hunda aún más. Pero así, cada paso tendrá un valor incalculable.

Y aunque luego no quiera mirar atrás, para no ver mis erráticas huellas en la nieve, sabré que he avanzado, que hemos avanzado, hacia esa luz tan hermosa que viene de allá lejos, de ese horizonte que hoy parece inalcanzable.

viernes 19 de diciembre de 2008

Soñar...



Allá donde se juntan cielo y mar, allá donde nace la luz que llena todo, allá volveré a mirar, Javier, para pedir lo que más deseo, desde hace tanto tiempo: que puedas curarte, mi príncipe, que acabe, por fin, esta espera, y que algún día todo esto que ahora vivimos sea sólo pasado.

Y la flor acabará por florecer y las alas de plastilina podrán al fin abrirse... ¡y volar!

Por soñar... ¡por soñar no va a ser, Javier, por soñar no quedará!

sábado 13 de diciembre de 2008

Otras navidades



La ciudad ha vuelto a llenarse de luces, Javier; por todos lados resuenan los ecos de la Navidad, los anuncios de siempre, las eternas melodías, otra vez desempolvadas… Ya vienen de nuevo estas fiestas, con su apariencia de felicidad y concordia, y ese enorme poso de melancolía...

Cuando yo era pequeño me sentía feliz durante las navidades, mi príncipe. Pero no sólo porque iban a venir los Reyes Magos, ni porque comiéramos mazapanes, polvorones y un montón de turrón... No, estas fiestas me gustaban tanto porque eran la ocasión de juntarse con familiares y amigos que durante el resto del año casi no veíamos. Y cantábamos villancicos, hablábamos y reíamos sin parar, y jugábamos a las cartas hasta tarde... Y yo estaba tan ilusionado que pensaba que todo el mundo se quería más en esas fechas, ya ves qué cosas…

Con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que todo era más apariencia que realidad y de que esa confraternización sólo estaba en mi cabeza. Y llegaron los años en los que me deprimía un poco cada vez que venían estas fiestas…

Ahora, sobre las luces y sombras de esta Navidad que ya se acerca, por encima de todo, resuenan vuestras voces puras, vuestras inocentes sonrisas infantiles. Pues ya sé que Navidad no es paz, ni amor, ni prosperidad... Navidad es la ilusión de un pequeño que mira extasiado a las estrellas. Es imaginar, idealizar, ver la vida desde abajo, desde los tiernos ojos del niño que hoy sois vosotros y que un día, no tan lejano, también fui yo...

lunes 8 de diciembre de 2008

¿Niños especiales?

Como continuación de mi último escrito, con motivo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad, hoy quería añadir algunos comentarios sobre el tratamiento que la sociedad les dispensa.

A lo largo de los años la manera de referirse a las personas con parálisis cerebral – en menor o mayor grado – ha ido cambiando, evolucionando hacia algo más digno, más respetuoso con los enfermos y sus familiares. De términos tales como “subnormal” o “retrasado” – y otros mucho peores que no vale la pena reseñar aquí -, que no hace mucho se empleaban para referirse a ellos, generalmente con aire despectivo, hemos pasado a otros que recogen más efectivamente el daño, tales como el reseñado. Ciertamente, existe una parálisis, entendida ésta tal y como hace el diccionario: privación o disminución del movimiento o la actividad de una o varias partes del cuerpo. Es por tanto ésta una enfermedad más, o, si lo queremos, un daño producido por algún hecho concreto que se extiende temporal o indefinidamente en el tiempo.

Hecha esta apreciación, acotado el mal, no ha tampoco lugar a considerar a los niños con parálisis cerebral como niños especiales. Sería lo mismo que decir que un niño enfermo de cualquier otra enfermedad crónica y grave es un niño especial. Por extensión, siguiendo esa regla, cualquier niño podría ser un niño especial, con lo cual dicha cualidad pasaría ser general.

¿Dónde está el problema de usar la expresión? No en el lenguaje, por supuesto, ni siquiera en la manera de referirse alguna persona sin sensibilidad a estos niños, que nada importa. El verdadero problema surge cuando al considerar a un niño especial se le quiere por ello sobreproteger. Y esto, querámoslo o no, no es bueno, puesto que de esa forma se tiende a limitar el desarrollo de ese niño, ya que no se le está ayudando a vivir con sus limitaciones, a superar en la medida de sus posibilidades todos los problemas que habrán de irle surgiendo a cada paso.

Ayudémosles, sí, pero de verdad, no contribuyendo a volverles unos inútiles para el resto de sus días. Que puedan llegar tan lejos como les permitan sus pequeñas alas, sus maltrechas alas de plastilina.