Javier, hace muchos años, en la India, un hombre muy sabio llamado Swami Sivananda dijo lo siguiente: “son necesarios cuarenta músculos para arrugar una frente, pero sólo quince para sonreír”.
Qué te parece, mi príncipe, ¿bien, no? ¡Es más fácil reírse que estar enfadado! Y sin embargo, ¡qué poca alegría se ve por la calles! La gente sigue ajena a nuestro Club de Peter Pan…
Y mientras tú, Javier, sonríes por todo, te alegras por las cosas más insignificantes: un beso, una caricia, una pequeña broma. ¡Todo lo agradeces!
¡Cuánto tengo que aprender de ti, mi pequeño profesor de la alegría! Cómo me gustaría tomarme la vida como lo haces tú, deleitándome con cada detalle, con cada cualquier gesto amable de los que me rodean…
Sí, mi bien, tienes que enseñarme cómo se consigue eso de ser feliz durante todo el día. Yo prometo esforzarme en aprender todos los secretos, aunque… me parece que esa virtud de poder apreciar la dulce esencia de todas las cosas os está reservada sólo a unos pocos, a las cándidas almas blancas…