domingo

El profesor de la alegría



Javier, hace muchos años, en la India, un hombre muy sabio llamado Swami Sivananda dijo lo siguiente: “son necesarios cuarenta músculos para arrugar una frente, pero sólo quince para sonreír”.

Qué te parece, mi príncipe, ¿bien, no? ¡Es más fácil reírse que estar enfadado! Y sin embargo, ¡qué poca alegría se ve por la calles! La gente sigue ajena a nuestro Club de Peter Pan…

Y mientras tú, Javier, sonríes por todo, te alegras por las cosas más insignificantes: un beso, una caricia, una pequeña broma. ¡Todo lo agradeces!

¡Cuánto tengo que aprender de ti, mi pequeño profesor de la alegría! Cómo me gustaría tomarme la vida como lo haces tú, deleitándome con cada detalle, con cada cualquier gesto amable de los que me rodean…

Sí, mi bien, tienes que enseñarme cómo se consigue eso de ser feliz durante todo el día. Yo prometo esforzarme en aprender todos los secretos, aunque… me parece que esa virtud de poder apreciar la dulce esencia de todas las cosas os está reservada sólo a unos pocos, a las cándidas almas blancas…

viernes

Niña de agua




Javier, esta niña que aquí ves, tan guapa, se llama Fabiola. Es la sobrina de Silvio, quien realiza vídeos tan fantásticos como éste.

Fabiola me recuerda mucho a María, la princesita de las Islas Canarias, la encantadora muñequita de Laura, su tía, que la prueba un montón de vestidos, la pone trenzas y coletas, la lleva a todas partes y la cuida y la mima con un cariño infinito.

En la carita de Fabiola, y en la de la pequeña María, se refleja la misma dulzura, el mismo candor, el mismo encanto.

Se nota a la legua que a ellas, como nosotros a ti, Javier, las quieren mucho. Ellas, como tú, vinieron para llenar sus casas de alegría, y, como canta Ana Belén, no vinieron del frío ni de la lluvia, sino del amor y de la luna.

Niñas y niños de agua, hechos de miel y de azúcar, vosotros sois los hermosos ejemplos de lo que puede dar de sí el Amor. En vuestro interior corre la savia nueva que ha de cambiar el mundo.

Que los cuidados y la ternura que ahora recibís, a manos llenas, sepáis repartirlos a vuestro alrededor durante todos los años venideros.

Que así sea.